domingo, 28 de diciembre de 2014

Película: Libertador
Director: Alberto Arvelo
Guion: Timothy Sexton
Año: 2014
Países: Venezuela – España
Género: biografía - drama
Reparto: Edgar Ramírez, Danny Huston, Gary Lewis, María Valverde, Juana Acosta, Iwan Rheon, Imanol Arias.

Excelente film, que da cuenta de una producción magistral. Cinematográficamente magnifica pieza, fotografías muy bien logradas, vestuarios apegados a la época, locaciones maravillosas. Es una recreación del punto de vista del guionista Timothy Sexton y la perspectiva de la dirección de Alberto Arvelo. Un elenco bien seleccionado que nos presenta actores de alta factura. La combinación de la fotografía y la musicalización del gran director Dudamel le dan a la película un carácter épico innegable. Siendo que se trata de una recreación libre de lo planteado por el guionista y el director, es una obra artística merecedora de la nominación al Oscar, que partiendo de algunos hechos históricos y omitiendo otros nos muestra de manera fabulada algunos pasajes de la historia venezolana y latinoamericana. Como no se trata de un documental ni de una biografía fidedigna el espectador no tiene por qué esperar lealtad ni fidelidad a la historiografía venezolana o latinoamericana. Mas allá de ver la historia a través de esta película se trata de una obra de arte sobre la historia. No obstante, teniendo en cuenta estas aseveraciones anteriores, como venezolano observador contemporáneo no perteneciente al jurado de un Oscar habría que formularse interrogantes del siguiente tenor: por qué ese acento cubano del General Francisco de Miranda? A qué se debe la actuación de Alejo Felipe conspicuo opositor venezolano: a inclusión o tarifa? Por qué no citaron en ningún momento la Gran Batalla de Carabobo? Por qué dedicarle tan poco tiempo o casi nada al General José Antonio Páez, será una manera de execrarlo de la historia de Venezuela? Como explicarle a un pueblo lego el uso de las expresiones “yo soy el pueblo” y “revolución” en los diálogos de Bolívar sin asociarlos con los clichés políticos de la Venezuela actual ? Más sustantivo aun sería como hacerle entender al espectador neófito, pedestre, sin mayor formación cinematográfica ni histórica que solamente se trata de una ficción inspirada en hechos históricos. 
Culmino mis comentarios citando un párrafo, tomado de Prodavinci, de nuestra gran Historiadora Inés Quintero: “La historia, los datos, la realidad, son accesorios inútiles e irrelevantes para la construcción y fortalecimiento del mito. El culto al héroe se mantiene vivo, intacto, reforzado y actualizado con los controversiales ingredientes que nutren el debate actual respecto a Simón Bolívar y también de manera muy sensible por el uso político de la Historia. Una discusión que, además de insoslayable, pertinente y necesaria, trasciende con creces la polémica que ha suscitado el relato mítico y complaciente que ofrece Libertador.”

Fabián Requena








sábado, 22 de noviembre de 2014

Película: Rembrandt
Año: 1977
Director: Jos Stelling
País: Holanda
Reparto: Frans Stelling, Ton de Koff, Hanneke van der Velden, Lucie Singeling, Aya Gill, Ed Kolmeijer, Henk Douze
Género: Drama biográfico. (pintura)

Una película preciosa, magistral que nos mueve hacia adelante, tanto en el conocimiento del arte y la del hombre. Llena de una gama de fotografías, el calor en una imagen extraordinariamente precisa, en el toque sensual de madera pulida, ropa de terciopelo, sábanas arrugadas (camas de amor o lecho de muerte, pliegues rugosos de textiles en bruto, esa gama de ocres, la luz que impacta en los ojos, ese claro oscuro que solo Rembrandt supo manejar). Stelling sabe cómo ponerle vida a los materiales inertes. La belleza de los objetos, el juego de luces en las cosas nunca son gratis. La belleza está ahí, palpitante. ¿Quién lo ve? Nosotros, los espectadores entregados, atadas las manos y los pies, pero ojo abierto. Rembrandt ficción que ve y se ve. Stelling construye su película en el ojo. Los ojos se veían. El pintor que descubre nuestros ojos aficionados. Explota la sensualidad en la perspectiva de las mujeres (la mirada del director de la iluminación para nosotros los ojos del pintor), y contradice la hipótesis de la misoginia hecha sobre Rembrandt.
Excelente película, muy buena dirección y mágicas fotografías, las cuales nos dan un paseo por todas las obras artísticas de Rembrandt.

Fabián Requena



domingo, 9 de noviembre de 2014

Película: Cielo sobre Berlín
Año: 1987
Director: Wim Wenders
País: Alemania - Francia
Género: Drama
Reparto: Bruno Ganz, Peter Falk, Solveig Dommartin, Otto Sander, Curt Bois, Hans Martin Stier, Elmar Wilms, Lajos Kovacs, Bruno Rosaz


Es la inmortal historia de seres celestiales, ángeles que observan desde el muro de Berlín las tierras alemanas, siendo silenciosos testigos de los humanos, de sus acciones, de sus preocupaciones, y oyendo sus pensamientos. Las ideas de la mundanidad y lo humano seducen a uno de los ángeles, pero no tanto como una bella fémina, una trapecista de un circo, que se volverá su razón definitiva de descender a la tierra y volverse humano. Todo un clásico, toda una belleza de filme, dotada de un poder audiovisual como pocas veces se ve, el filme profundiza en la compleja historia narrada, pero también nos deleita con un lenguaje audiovisual inolvidable, poético y profundo, en una película que invita a mucha reflexión, a meditar sobre temas intangibles, es el filme todo un desafío, una obra inmortal, de lo mejor de este estupendo director alemán.
Tras un inicio con versos declamando infancia y las preguntas sencillas y a la vez complejas propias de esa edad, se nos muestra ya la acción, un avión surca cielos berlineses. En él, van los pasajeros y tripulantes, pero además dos ángeles, Damiel y Cassiel, que escuchan los pensamientos de los humanos, con la facilidad con que se escucha la radio. Poco después, prosigue Damiel su monótona actividad, se pasea por las calles y casas de la capital germana, escucha lo que piensan las personas, mientras prosiguen también las cuestiones y preguntas existenciales, el mal, el espacio, el tiempo, la muerte, la identidad, entre otras. Posteriormente, los ángeles amigos se encuentran, intercambian la amplia diversidad de experiencias y anécdotas vividas en sus experiencias y contactos con los humanos, y Damiel manifiesta la ineludible atracción que siente por la mundanidad de éstos, de sentir la imprevisibilidad, la mortalidad, la trivialidad de la emoción, lo ajeno a la perfección de su celestial condición, y Cassiel le transmite cierta empatía. Pese a sus anhelos e inquietudes, sigue con su rutina, en otra oportunidad por una biblioteca siempre oyendo a los humanos, igual que Cassiel, su rutina parece imperturbable, hasta que un día, llega a un circo.
En ese circo, está la hermosa trapecista Marion, queda embelesado con su acto y su belleza, oye sus pensamientos, se avecina su partida del circo, son sus últimas funciones, y Damiel escucha sus meditaciones, su deseo y necesidad de amor, su temor, su inseguridad. Después de eso, su rutina vuelve a la misma monotonía. Luego, se acerca al anciano Homer, escucha también sus profundas meditaciones y pensamientos, caminando a lo largo del muro de Berlín, cansado de todo, desilusionado de todo. Cassiel, por su parte, llega hasta un rodaje fílmico, se está rodando una cinta, en la que la principal atracción es Peter Falk, el famoso inspector Colombo. Damiel también llega hasta ahí, y también vigila a Falk, lo vigila y escucha, los dos ángeles se rodean de actores, extras y demás. Regresa luego Damiel al circo, vuelve a ver a Marion, se embelesa con su acto, y posteriormente con su colega rememoran momentos vitales en la historia de la humanidad. Sorpresivamente, Falk advierte y siente la presencia celestial de Damiel, que se le presenta, conversan, le cuenta el actor de su pasado también como ángel, y cómo decidió descender y volverse humano. Además del circo, sigue a Marion hasta conciertos, oscuras veladas musicales, y no duda más, se torna humano también. Vuelve a verse con Falk, que le dice que hay muchos que hicieron eso antes. Finalmente, en el comedor de un elegante hotel se junta con Marion, su amor es correspondido, quédanse juntos los amantes, se besan, se complementa, y él la ve practicar sus malabares y números. El filme nos impregna de sus dos principales vertientes desde el comienzo, nos bombardea con su incansable y profundo contenido, poesía y filosofía juntas, los versos del inicio nos introducen en ese denso mundo, explorando la condición del infante, en la que estos son poseedores de una libertad que nunca en la vida volverán a tener. Solo en la niñez se tiene la libertad de expresarse tal como se quiere, de decir la verdad sin tapujos, de expresarse sin el menor adorno u ornamento impartido por los adultos absorbidos por la realidad, solo entonces se puede expresar aún sin usar las palabras, esos arbitrarios elementos, heredados de su entorno, que intentan empaquetar elementos intangibles. Desde el comienzo el estupendo Wenders nos deleita con su poderosísimo trabajo audiovisual, desde el comienzo nos hace partícipes de la experiencia metafísica, su descomunal lirismo abruma positivamente, y con la exquisita y etérea música de Jürgen Knieper, con el hermoso sello, con los omnipresentes travellings, se enmarcan las infantiles preguntas, tan sencillas como infinitamente complejas. Es pues pasmoso cómo la primera secuencia nos invita y desafía y, en la sencillez del infantil mundo, nos presenta la profundidad, y es excelente ese aspecto, pues solo en la infancia, en la etapa de desnudez mental, de calidad de ajeno aún al terrenal mundo humano y su podredumbre, se pueden alcanzar raciocinios y preguntas al adulto anodinas, pero en el fondo complejas y ricas por reflexionar. Comenzando siempre con el hermoso verso de cuando el niño era niño, se procede a presentarnos las preguntas muchas veces repetidas, ¿porqué yo soy yo, y no tú?, ¿porqué estoy aquí y no allá?, además de interrogantes sobre la vida, la muerte, la identidad, interrogantes pues que no solo deleitan, sino que desafían poderosamente al espectador, lo obligan a involucrarse, y dotan el filme todo de un halo ciertamente sobrenatural, metafísico, profundo e inconmensurable, lo sume en el plano de la filosofía y la poesía, estupenda combinación. En el aspecto audiovisual, constantes travellings aéreos, parsimoniosos y prolongados, exploran desde ángulos imposibles todo el escenario germano, el muro mismo, y esos aéreos travellings dotan al filme, literalmente, de un etéreo enfoque, de una celestial aproximación. Esa celestial aproximación, a su vez, tiene contrapunto en ese muro, el Muro de Berlín, mostrado siempre cortante, siempre terminando una secuencia, marcando el contorno, delineando los límites, es insertado este elemento en momentos específicos y significativos, aparece cuando el anciano Homer hace sus exhaustas reflexiones, aparece cuando los ángeles hacen el recuento histórico de los momentos que fueron punto de inflexión en la historia de la humanidad, y, cómo no, cuando Damiel cae al mundo terreno, es su paleta de colores, hermosamente simbólico que el ángel descubra el color, símbolo en el filme de la vida humana, a través del muro, preguntándoselo a un mendigo; el muro, pues, es una suerte de presencia omnipresente, mucho de lo humano está en él contenido. Siguiendo con el sobrecogedor lenguaje, alcanza Wenders un lirismo visual verdaderamente pocas veces esgrimido, poesía visual y auditiva, escíndese completamente de cualquier trama, es un lenguaje audiovisual aparte, exquisito y sobrenatural, superior a lo tangible, a lo mundano, a lo humano. Así, se materializan dos vertientes perfectamente diferenciadas, la narrativa, si bien ésta queda supeditada a la segunda, la descomunal audiovisual, ambas se amalgaman, si bien la segunda podría tranquilamente configurar una obra completa por separado. Esta segunda vertiente, la desafiante, hermosa y sobrenatural, se plasma poderosamente con sus versos, y es que la mayor parte del tiempo –o al menos, en los pasajes más metafísicos- se prescinde de diálogos, en su lugar se recurren a las declamaciones, las declamaciones de esos versos tan bellos y sencillos como profundos y complejos, otra vez, se advierte como si estuvieran dos historias fluyendo, la del ángel que pierde la cabeza por la mundanidad y por su amada, y otra historia, la de la filosofía que nos habla, que nos reta a reflexionar sobre los celestiales camaradas que ansían conocer el mundo terrenal, y uno de ellos se convierte, literalmente, en un ángel caído, otro simbolismo por Wenders deslizado. Se plantea así una demencial situación, los eternos seres se lamentan, y casi reniegan de su calidad de eternos, su eternidad inevitablemente deviene aburrimiento, en monotonía que los lleva al sopor, están cansados de saberlo todo, de saber lo que pasará, ansían la imprevisibilidad, los eternos guardianes ansían la mortalidad, lo mundano del mundo terreno, anhelan las sorpresas, anhelan el error, anhelan la imperfección, anhelan mezclarse y fundirse con ella, pues incluso se lamentan de que, cuando intentaron ser parte de lo humano, simplemente fue un fingir, fue un pretender ser parte de ello, pues en todo momento son outsiders de ese mundo hermético, de ese mundo colorido y carnal. A ese respecto, el genial alemán dota al filme del simbolismo tan hermoso como excelente del mundo de los ángeles plasmado en blanco y negro, formidable manera de representarlo, bajo este especifico contexto, como insípido, insípido en su perfección y falta de novedad, en su eterna monotonía, completamente contrapuesto al mundo humano, a colores, repleto de pasión y sentimientos, de sorpresas, o simplemente, de falibilidad, de error. Y claro, como no podía ser de otra forma, quien primero rompe ese perfecto y repetitivo hermetismo es la mujer, la eterna fuente de atracción y perdición masculina, es Marion quien por vez primera trae color al filme, cuando Damiel la observa también en su primer contacto, con sus pensamientos, con su interior de mujer reflexiva, sensible, meditabunda, temerosa y necesitada de amar y ser amada. Ella es ciertamente la carnalidad, desnúdase, descubre su incontenible piel, su carnalidad, y cuando había caído de nuevo el velo del blanco y negro, se encargará de traer vida, de traer color otra vez al relato que presenciamos. De notar también la atmósfera creada para situaciones y espacio-tiempo que se dividen del resto, se sienten ablaciones de lo demás, son las secuencias en los conciertos, performances en vivo plagadas de lobreguez, de letargo, pero de etéreo tratamiento también, hieráticas presencias pueblan ese denso universo. A este específico respecto, considero pertinente apuntar que el presente proyecto, Las alas del deseo, o El Cielo sobre Berlín, en un inicio, falto de una arista o norte bien definido –Wenders quería hacer un filme sobre ángeles, y sobre el muro de Berlín, combinación que inicialmente su guionista encontró irreconciliable- lo llevó a empezar a materializarse como un ejercicio mudo, y esto se nota en varias secuencias, los parlamentos, o pensamientos muchas veces, se agregaron como elementos en off, favoreciendo el mencionado hieratismo de varias secuencias del filme. Finalmente, el ángel se reúne con su amada, antes de conocerse, ya se necesitaban, antes de conocerse, ya se complementaban, ambos eran todo lo que el otro buscaba, su unión es pues perfecta, perfecta dentro de la imperfección humana, y deja Wenders la ventana abierta, la historia de su idilio forma ya parte de otro relato, y nos lo desliza con el final to be continued. Las actuaciones están a la altura del descomunal filme, Bruno Ganz impecable como el celestial ser que aprenderá a ser humano, Otto Sander también sólido como su leal camarada, y por supuesto, la bellísima y sensual Solveig Dommartin pone la cuota de femenina belleza, de dulzura y seducción, sus curvas descritas en su trapecio forman parte de la poesía del filme. Estamos ante una total y plena oda al cine, y ciertamente rebasa al cine, pues pocas veces el séptimo arte se fundió y amalgamó tan poderosamente con la poesía y la filosofía, pocas veces tan ligados, tan vinculados, tan indivisibles. 
Excelente obra. Hoy que se conmemora 25 años de la caída del muro de Berlín. Merito a la fotografía dentro de esta obra, la combinación del blanco y negro y colores. 

Fabián Requena

sábado, 25 de octubre de 2014

Libro: Crónica de una muerte anunciada
Autor: Gabriel García Márquez
Año:1981
País: Colombia

Cuando empieza la novela, Santiago Nasar ya está muerto, pues ya se sabe que los hermanos Vicario le van a matar - de hecho ya le han matado - para vengar el honor ultrajado de su hermana Ángela, pero el relato termina precisamente en el momento en el que Santiago Nasar muere. El tiempo cíclico, tan utilizado por García Márquez en sus obras, reaparece aquí minuciosamente descompuesto en cada uno de sus momentos, reconstruido prolija y exactamente por el narrador, que va dando cuenta de lo que sucedió mucho tiempo atrás, que no tiene miedo de reproducir testimonios, diálogos y sucesos de los personajes que fueron los principales testigos, que avanza y retrocede en su relato y hasta llega mucho tiempo después para contar el destino de los supervivientes. La acción es, a un tiempo, colectiva y personal, clara y ambigua, y atrapa al lector desde el principio de una trama cuyo desenlace, sin embargo, ya conoce.
El tiempo es acronológico. Porque va cambiando de tiempo a la vez que cambia de lugar y personaje. Por ejemplo en el capítulo 4 cuanta la historia en el pasado, pero a veces habla de mas de 20 años atrás y otras de unos pocos meses. 
El narrador va cambiando de 1ª persona testigo a 3ª persona omnisciente. Es 1ª persona cuando habla de sus experiencias como amigo de Santiago Nasar. Y es 3ª persona cuando habla de lo que le contaron todos los demás testigos sobre el hecho, omnisciente porque el lo sabe todo ya que esta contando la historia en el momento que el crimen ya fue cometido hace muchos años y también entrevistó a todos los testigos con lo que tiene muchos datos. El narrador es claramente Gabriel García Márquez, porque a veces habla en primera persona y dice haber sido amigo de Santiago Nasar. Además nombra en la obra a Gerineldo Márquez (su padre), a sus hermanos (Jaime, Margot y Luis) y a Mercedes Barcha (su esposa).
Esta obra a mi manera de ver tiene una gran importancia por el juego de los tiempos y la intercalación de los personajes dentro de la obra. García Márquez no deja vacios en sus personaje hasta el ultimo momento de la obra, y se pasea con ese verbo coloquial típico de un latinoamericano. Toda una crónica.
Excelente obra. 

Fabián Requena






domingo, 19 de octubre de 2014

Libro: Anna Karenina
Autor: Leon Tolstoi
Año: 1873 - 1877 
Género: novela trágica, clásico de literatura Rusa

En Ana Karenina, Tolstoi, desmenuza las frivolidades y las enfermizas pasiones del zarismo, en contraposición al personaje femenino que da título a la novela.
Sobre la decadencia del imperio, que Tolstoi ya intuye irreversible, Ana, ya sea en las sombras de su gabinete o en la infinitud de los campos, se recorta como un fulgor constante. De este modo, el realismo se rodea de la evanescencia de un sueño que el amanecer, aunque lejano, ya comienza a desgarrar.
En esta gran novela se narra el desarrollo de dos amores que se desenvuelven en paralelo. Ana Karenina, mujer de la alta sociedad enamorada del joven oficial Vronski, abandona a su esposo y a su hijo para seguir a su amante. El romance clandestino tiene un final trágico, el suicidio de Anna lanzandose a los rieles del tren.
A la vez que se nos hace la crónica de estos amores desgraciados, la novela nos ofrece, en contrapunto, la apacible historia de amor de la hermana de Ana que se casa con un noble terrateniente para vivir dichosos en el campo.
En Ana Karenina, la fuerza y la riqueza de las descripciones, la pintura inimitable de los caracteres, la penetración psicológica, y más que nada la alta lección moral que se desprende de ella, forman un conjunto de tanta belleza y grandiosidad, que con razón se ha dicho que es una de las novelas más grandes y una de las obras más acabadas que nos ha dejado el genio del hombre.
León Tolstoi es considerado como uno de los más grandes novelistas de occidente, lo que equivale a Cervantes Saavedra en Europa. Sus dos novelas principales son: 'Guerra y Paz' y 'Ana Karenina' valoradas como obras maestras en la producción de su autor, en las letras rusas y en la literatura universal.
Es una obra que ha sido llevada a todas las expresiones artísticas ( cine, teatro) por su alto contenido literario.

Fabián Requena


domingo, 17 de agosto de 2014

Libro: Carta a un niño que no llegó a nacer
Autora: Oriana Fallaci
Año: 1977 
Género: narrativa

Se trata de un impresionante mensaje en cuyo contenido hay mucho de autobiográfico, pero que rebasa ampliamente la simple meditación de la autora sobre sí misma y sobre un pasado para plantearse el problema básico de la condición femenina: la maternidad. Oriana Fallaci se dirige "a quien no teme la duda, a quien se pregunta sin descanso el porqué, a quien se plantea el dilema de dar la vida o negarla". Profundamente humano porque se asienta en la duda y surgió de la duda, este libro, que no quiere llegar a ninguna conclusión, es un mensaje lírico desgarrador, que parece desconcertante y que deja de parecérselo a medida que se adentra en la turbadora coherencia del texto.
Es un libro en el cual se plantea la existencia del hombre como todo supremo, hacedor de historia a su conveniencia y donde la mujer se encuentra en un segundo plano. Es una diatriba entre el sexo masculino y femenino y finaliza con un gran juicio social sobre el aborto.

Fabián Requena


Libro: La Divina Comedia 
Publicación: 1555
Autor: Dante Alighieri 
Género: Epopeya

El poema entero esta escrito en primera persona y narra el viaje de Dante a través de los 3 reinos de los muertos y que comprende desde la noche del viernes santo hasta el miércoles después de semana santa, dentro de la primavera del año de nuestro señor de 1300. El poeta Virgilio le guía a través del infierno y del purgatorio y a través del paraíso lo hará una mujer llamada Beatriz, que se sabe que fue una mujer florentina a la que Dante conoció en su infancia y de la que quedó perdidamente enamorado.
Tanto durante el episodio del infierno como el del purgatorio, Dante hace referencia continua al pecado y a la penitencia. Destaca también que la última palabra de las tres partes siempre es "stelle" que significa "estrellas".
Esta obra puede describirse como una alegoría en la que cada canto puede tener diferentes significados. La estructura del poema es bastante compleja, siempre haciendo excesiva referencia al número 3 y a la trinidad en general. El poema a menudo, en su afán por alabar las cualidades humanas, también deja una notable crítica a la Florencia de la época y a su sistema político y de gobierno. Dante se inspira en personajes reales de la antigua Grecia y de la antigua Roma. Hace hincapié en algunos de los pecados y así relata en el primer círculo del infierno, como los paganos que persiguen el honor a toda costa son castigados eternamente. Del mismo modo, en el tercer círculo, Dante deja bien claro en la parte donde Ciacco y otros glotones son castigados por su enorme apetito, que se está haciendo una clara referencia alegórica a los políticos florentinos, que igualmente eran considerados por el pueblo como personajes de excesos en el beber y de excesos en el comer. 
Es la tercera oportunidad en que leo La Divina Comedia, me parece tan importante revisar esta obra ya que nos deja una cumulo de conocimientos para poder entender la cultura greco-romana. A todos aquellos que son amantes de la literatura borgiana deben darse un paseo por esta obra, madre de los grandes escritores del siglo XX. 
Excelentísima obra.

Fabián Requena 

                                       Estructura literaria de La Divina Comedia: