domingo, 8 de junio de 2014

Película: Azul y no tan rosa
Año: 2013
Director: Miguel Ferrari
País: Venezuela
Género: Drama. Comedia
Fotografía: Alexandra Henao
Reparto: Guillermo García, Ignacio Montes, Hilda Abrahamz, Carolina Torres, Elba Escobar, Juan Jesús Valverde, Beatriz Valdés, Aroldo Betancourt, Daniela Alvarado, Alexander Da Silva,Sócrates Serrano, Arlette Torres, Juan Carlos Lares


Diego, un fotógrafo de éxito, decide formalizar su relación con Fabrizio yéndose a vivir con él, pero, de manera inesperada, se ve obligado a hacerse cargo de su hijo Armando, que vive en España y al que no ha visto desde hace años. El chico llega con una maleta cargada de reproches, de modo que a Diego no le resultará fácil restablecer la relación afectiva con él. En tales circunstancias, un grupo de radicales homófobos le propinan a Fabrizio una brutal paliza que lo deja en coma. Para un venezolano hablar sobre el cine venezolano resulta hoy en día algo penoso e intrascendente. Principalmente por la poca veracidad de la «calidad» cinematográfica que azota el panorama artístico nacional. Año tras año se han estrenado proyectos fílmicos que pretendían generar un punto de inflexión a tal panorama, cuyo insuficiente resultado lograría meramente acentuar los mismos huecos y fallas que padecía –y posiblemente aun padece– el cine patrio. Con la llegada de Azul y no tan rosa, se confirma la premisa de que necesitamos intervención extranjera para poder vislumbrar algo de eficacia cinematográfica en las salas de cine de nuestro país. Siendo una coproducción Venezolana – Española y bajo el apoyo de Ibermedia, Azul y no tan rosa viene a plantear una nueva modalidad de narrar historias rompiendo viejos y cansinos estereotipos del cine nacional. La ópera prima de Miguel Ferrari es una ráfaga de aire fresco para el rostro y un indicio de esperanza para el cine venezolano. Pese a todo lo dicho, la película no escapa de errores puntuales y de poseer ciertos defectos en su narrativa y su ejecución. El guión de Miguel Ferrari que nada entre la comedia y el drama no logra equilibrar precisamente estos dos géneros. Momentos jocosos y una que otra secuencia dramática jamás logran conectarse adecuadamente dando como resultado un ritmo argumental algo irregular. Además, el exceso de referencias cinematográficas que emplea Ferrari, son tan precisas que por momentos se cree ver un film de Almodóvar. La influencia de dicho director esta presente en este tipo de genero y sus tomas. 

Fabián Requena


domingo, 20 de abril de 2014

Otro Ulises en el ocaso

Una tarde triste de abril

los últimos destellos de luz

eran devorados por la penumbra.

Una vieja embarcación ascendía

cortando las inquietantes aguas del Magdalena.

Abrazado al mástil, un hombre tocado por los años,

vestido de blanco

con una rosa amarilla

negándose a escuchar el trinar de las aves,

el golpeteo de las aguas,

el soplar del viento,

cual sirenas que atormentan a dicho viajero,

otro Ulises, cerrando su propia historia

esperando un final en su Macondo soñado.



Fabián Requena








domingo, 13 de abril de 2014

Película: Dallas Buyers Club
Año: 2013
Director: Jean-Marc Vallée
Interpretación: Matthew McConaughey , Jared Leto, Jennifer Garner
País: Estados Unidos
Género: Drama
Premios: Oscar al mejor actor : Matthew McConaughey, Oscar al mejor actor de reparto: Jared Leto

Un hombre imperfecto lucha por sobrevivir durante un período incierto en los Estados Unidos. Inspirada en hechos reales, la historia sobre la fortaleza de Ron Woodroof se narra en Dallas Buyers Club, dirigida por Jean-Marc Vallée y guión original de Craig Borten y Melisa Wallack. Matthew McConaughey ganador del Spirit Award, retrata la vida de un personaje que quiere mucho más. Hijo de Texas, Ron Woodroof es un electricista y cowboy de rodeo. En 1985, está metido en un estilo de vida temerario, que no se replantea. De repente, Ron es diagnosticado como seropositivo y se le dan 30 días de vida. Sin embargo no acepta la pena de muerte. Su curso intensivo de investigación revela la falta de tratamientos aprobados y medicamentos en los EE.UU., así que Ron cruza la frontera a Méjico. Allí, averigua sobre tratamientos alternativos y comienza a hacer contrabando con los Estados Unidos, desafiando a la comunidad médica y científica incluyendo a su médico, la Dr. Eva Saks (la ganadora del Premio del Sindicato de Actores de Cine Jennifer Garner). Un extraño en la comunidad gay, Ron encuentra un improbable aliado en otro paciente con SIDA, Rayón (el ganador del Gotham Independent Film Award, Jared Leto), un transexual que comparte el deseo de Ron por la vida. Rayón también comparte el espíritu emprendedor de Ron: tratando de evitar sanciones del gobierno contra la venta de medicamentos y suplementos, establecen un "club de compradores", donde gente seropositiva paga cuotas mensuales para acceder a los recién adquiridos suministros. En lo profundo del corazón de Texas, el caracter pionero Ron sale a la luz. Con una creciente comunidad de amigos y clientes, Ron lucha por la dignidad, la educación, y la aceptación. En los años siguientes a su diagnóstico, el luchador solitario vive la vida como nunca.

Fabián Requena


Película: Nebraska
Año: 2013
Director: Alexander Payne
Interpretación: Bruce Dern, Will Forte, June Squibb, Stacy Keach, Bob Odenkirk, Rance Howard, Devin Ratray
País: Estados Unidos
Género: Drama, neo-noir.
Oscars: 6 nominaciones, incluyendo mejor película y director.
Alexander Payne regresa, tras la estupenda Los descendientes, con un nuevo film acerca de sus dos obsesiones máximas: las relaciones paternofiliales y la muerte; y lo hace, como en aquella vez, con un estilo depuradísimo (da la sensación de que más que nunca), de claras raíces clásicas, que le ha vuelto a generar, al igual que en sus otras películas, la crítica de quienes ven en él tan solo a un buen alumno. Sin embargo, no deberían sus detractores fiarse de la límpida fachada de esta producción.
Porque, para empezar, Nebraska es una historia que, en sí misma, no es tan sencilla como aparenta. De hecho, podría tratarse, sin más, del trayecto de un anciano hacia una determinada meta, pero ese periplo encuentra un matiz esencial en su propia formulación: el protagonista quiere viajar a otro estado para cobrar una fortuna inexistente. O sea, que estamos ante un relato filtrado por un absurdo que quiebra el clasicismo desde el exterior, dejando la vía libre a otras rupturas venideras, y mucho más salvajes, surgidas desde un palpitante interior.
Así, en esta ocasión, no parece un asunto banal que el sujeto más vital sea un hombre senil que ve en un viaje absurdo un estímulo que va mucho más allá del premio gordo a ganar (¿quién está realmente mayor?). Es alguien que anhela justificar, de algún modo, una dolorosa existencia que ha ido de la mano de la tumultuosa y beligerante Historia norteamericana del pasado siglo (el director vuelve a hacer bascular su película entre lo mínimo y lo máximo). Por eso la obra se ensancha al llegar al viejo pueblo, donde nada (y, a la vez, todo) ha cambiado. Allí, el autor rueda con mano invisible una serie de encuentros mientas acumula, con clase e inteligencia, y sin menospreciar jamás al espectador, sutiles capas que, poco a poco, construyen un complejo estrato. De esta manera, el diálogo en el cementerio, afortunada mente alejado de cualquier tipo de sensiblería y moteado por un humor magnífico (uno de los sellos personales del americano, que recorre enteramente este metraje de aliento tragicómico), revela la dificultad de la puesta en escena transparente de Payne. Es un instante de un importante calado lírico y humano que vira lo visto y lo que está por verse. A partir de aquí, el dolor y la amargura suscitados por el paso del tiempo se filtrarán a través de las ajadas pieles de los ancianos pueblerinos, auténticos espectros y casi los únicos habitantes de un espacio condenado a la desaparición (la ligazón entre lo grande y lo pequeño de nuevo) donde tan solo un par de gordos vagos, que se mueven únicamente de su sofá por interés, son jóvenes. Todos estos sujetos respiran en un ecosistema plagado de objetos inertes disfuncionales (máquinas antiguas), inmigrantes perdidos en el significado de las palabras u otros elementos relacionados con la inconexión vital, como la televisión familiar frente a la cual se citan los hombres de la casa para mirarla perplejos dentro de una extraña toma en la que da la sensación de que la luz de las imágenes de un partido de fútbol está erosionando sus figuras al igual que hace el tiempo con las estatuas (regreso al drama de la inactividad). Unos indiscutibles logros en la puesta en escena que van acompañados de otros sutiles hallazgos textuales que son expresados, por lo general (y una vez más en el cine de este director), a través de los personajes femeninos. Así, resulta prácticamente imposible no conmoverse ante lo que se antojan las ruinas de una vieja disputa entre dos mujeres por un varón que, quizás, no lo merecía (¿un eco de otra época convenientemente matizado por el trato que la esposa del protagonista le da a su marido?). Del mismo modo que no podemos evitar sentirnos agitados al verlas usar repetidamente la palabra ‘zorra’ cual epíteto multiusos. Sin duda, unos deliciosos detalles que nos mantienen asombrados durante toda la proyección y que son culminados con una maravillosa confesión final de un padre a un hijo que encuentra su cumplimiento en un bello gesto de autoafirmación. O sea, que nos encontramos frente a una de esas películas que son grandes sin parecerlo ni alzar la voz; es decir, frente a un trabajo de Alexander Payne que, como tal, no se muestra preocupado en aparentar, ni intimidado ante la mirada inquisidora de quienes no pueden/quieren participar de su sensibilidad fantasma. No se escapa de este film la manera humana y muy dolorosa entre la relación padre e hijo, la forma como el hijo maneja los sueños de su padre dentro de su patología, haciéndole un final feliz, lo que todo hombre quiere hacer en su vida “importante” sin tomar en cuenta su pasado. El amor del hijo hacia el padre, sin críticas, sobresale, y un padre senil, con cuadros de demencia que florecen día a día, protegidos por el hijo que cueste lo que cueste tiene que hacer realidad esa gran ilusión de su padre. Lamentable que solo fue nominada al Oscar, merecía un Oscar, por lo menos. Es un derroche constante de fotografías en blanco y negro, como si el tiempo se hubiera detenido junto con la paciencia del director, no hay nada apresurado, todo fluye. 
Excelente película, y muy bien lograda en el estilo neo-noir.

Fabián Requena

El amor del hijo hacia el padre desgastado por los años.





Película: 12 años de esclavitud
Año: 2013
Director: Steve McQueen
Interpretación: Chiwetel Ejiofor, Lupita Nyong'o, Benedict Cumberbatch, Brad Pitt, Michael Fassbender, Paul Giamatti, Paul Dano, Sarah Paulson, Quvenzhané Wallis.
País: Reino Unido, Estados Unidos
Género: Drama histórico. 
Ganadora del Oscar 2014 como Mejor Película. Además obtiene el Oscar a la Mejor Actriz de Reparto y al Mejor Guión Adaptado.

En los años previos a la Guerra Civil de Estados Unidos, Solomon Northup (Chiwetel Ejiofor), un hombre negro libre que vive en Nueva York, es secuestrado y vendido como esclavo. Solomon deberá luchar no sólo por continuar vivo sino también por preservar su dignidad frente a la crueldad de su amo (Michael Fassbender). Su esperanza, alimentada por inesperados gestos de amabilidad y ayuda, no le abandonará a lo largo de su odisea de doce años. La oportunidad de Solomon de conocer a un abolicionista canadiense (Brad Pitt) cambiará su vida para siempre.
Es una excelente película, donde se maneja el problema de la esclavitud en los Estados Unidos. Sugiero analizarla desde el punto de vista humano, hasta donde sufre un hombre por su dignidad y la forma inhumana como eran tratados los negros esclavos, solo por un bendito color de piel, tantos maltratos y muertes injustificados. Te puedes deleitar con las fotografías de gran calidad. 
Excelente película.


Fabián Requena



                                                                         Lupita Nyong'o






sábado, 22 de febrero de 2014



Las Intermitencias de la Muerte
José Saramago
2005

"Al día siguiente no murió nadie"...

El desencadenante sobrenatural del libro se resume en esta frase que da comienzo a la historia. En un país sin determinar la población deja de morir. Los enfermos sanan milagrosamente, los moribundos mejoran con el paso de los días y los habitantes del país empiezan a disfrutar de los efectos de la vida eterna. Nadie se da cuenta de las consecuencias que un acontecimiento de este calibre puede ocasionar, las personas se ven abocadas a una vejez eterna y a la superpoblación, hechos que llevan a muchos a querer luchar contra la decisión de la muerte; la rebelión más detallada en el libro es llevada a cabo por un grupo de ancianos que intenta eludir los controles policiales para pasar la frontera al presuponer que la muerte sigue matando en el país vecino. Digo "la decisión de la muerte" y que "la muerte sigue matando" porque la Muerte (a partir de ahora en mayúsculas para referirme al personaje) aparece personificada en la novela. Presenciamos momentos en los que reflexiona, decide, calibra situaciones e incluso considera, en un párrafo divertido, utilizar las últimas tecnologías. Cuando la Muerte ve las consecuencias que ha tenido haber dejado de matar a la población se da cuenta de que ha cometido un error y decide tomar otra medida. A partir de este momento enviará una carta a la persona que ya tiene sus días contados informándole de que dejará de vivir. Los habitantes de este país tratan por todos los medios de evitar esta sentencia de muerte personalizada en forma de misiva pero no hay nada que puedan hacer, cuando la Muerte escoge a su víctima no hay modo de escapar, menos en un caso. En este momento conocemos al otro personaje central de la trama, un músico mediocre, de una orquesta de calidad equiparable que vive una vida vacía, sin alicientes y sin una meta determinada. Su existencia se resume los ensayos y a las actuaciones que son la principal fuente de sus escasos ingresos. La Muerte decide poner fin a sus días pero verá sus planes frustrados pues la carta le viene devuelta. Sorprendida, idea, sin éxito, varias maneras de hacer llegar la carta al músico hasta que decide disfrazarse y vigilarlo en su día a día para ver si así puede llevar a cabo su plan.
Insisto en que no es la novela más representativa de Saramago pero la lectura es agradable, amena y tiene el sello personal y la genialidad del autor. Casi podría garantizar, con poco temor a equivocarme, que el lector disfrutará de la trama y que, al leer las últimas frases, sentirá una sonrisa esbozarse en los labios.


Fabián Requena


sábado, 25 de enero de 2014

Película: No se aceptan devoluciones
Año: 2013
Director: Eugenio Dérbez
Interpretación: Eugenio Dérbez, Loreto Peralta, Jessica Lindsey, Daniel Raymont.
País: México
Género: Comedia. Drama | Comedia dramática. Familia

No se Aceptan Devoluciones es el clásico caso de identidad mexicana dentro y fuera de su suelo, un intento de reflejo de la alegría y de la bondad del pueblo mexicano (Exacerbada por la misma naturaleza de la ficción pero cierta en algunos aspectos socio – culturales) que dista años luz de llamarse “buen cine”, siendo solamente una telenovela cómica transmitida por la pantalla grande.
A un gigolo acapulqueño vividor y lleno de excesos sexuales (Pero eso sí, noble, ingenuo y bondadoso hasta los dientes), le es dejado en su puerta una hija que no reconoce, conflicto suficiente para que el personaje sufra una metamorfosis catártica gracias a la evolución de ese sentimiento de padre desarrollado durante dos terceros actos de la cinta. Aunque Derbez logra que su personaje sea en esta ocasión tridimensional a través de una serie de ágiles flashbacks impresos de un buen ritmo que denotan un cierto crecimiento en sus cualidades de director, todo lo fugaz y bien estructurado es inmediatamente desperdiciado por saltos temporales y vídeos musicales que para la mitad de la cinta convierten al giro argumental en algo predecible y a la decente fotografía (Que denota una producción estadounidense más que mexicana) en nada más que una curiosidad que pasa a ser parte de un formato de show cómico, el cual, va creciendo y desquebrajándose en escenarios reciclados ya revisitados anteriormente en el cine (Son obvias las influencias y copias de libretos como La Vida es Bella o Kramer vs Kramer) en combinación con los clichés de telenovela mexicana y/o latina que poco a poco hacen insoportable cinematográficamente hablando la puesta en pantalla.
Pero es de notar que al acudir a las salas de cine se visualizan espectadores para esta obra. Será nuestra necesidad de ver mal cine? O ver telenovela en el cine? Habría que revisar los factores socio-culturales que pasan en el país actualmente. Sugiero esta película para hacer un análisis del cine actual. O basta con haber visto la obra televisiva de Derbez en la televisión mexicana ? 

Fabián Requena