domingo, 16 de junio de 2013

Película: Lost in La Mancha
Año: 2002
Director: Keith Fulton , Louis Pepe
País: España
Género: Documental

Como muchos otros aficionados al cine, he disfrutado enormemente de las películas del director Terry Gilliam, como "Brazil", " Tideland", "El imaginario mundo del Doctor Parnassus", "12 Monkeys", por mencionar solo algunas. 
Por eso es doblemente interesante ver el documental "Perdido en La Mancha", que narra el colapso y eventual cancelación de la película "El Hombre que Mató a Don Quijote", misma que Gilliam apenas comenzaba a poner en marcha cuando múltiples tragedias detuvieron la filmación.
A pesar de tener un elenco potencialmente brillante (que incluía a Johnny Depp, Vanessa Paradis y Jean Rochefort), todos los estudios en Hollywood rechazaron el guión de Gilliam, por lo que el valiente director decidió filmar "El Hombre que Mató a Don Quijote" en España, financiado por un grupo de inversionistas europeos. Pero los problemas subsecuentes, que incluyeron falla humana, enfermedades, política económica, catástrofes naturales y simple mala suerte, llevaron a la cancelación de la cinta, por considerarse imposible de realizar con los recursos disponibles.
Este documental comenzó como un simple "detrás de las cámaras", tal vez destinado a aparecer en la sección de Extras de un DVD, pero cuando se canceló la película, los videógrafos Keith Fulton y Louis Pepe se dieron cuenta de que tenían en sus manos un testimonio de primera clase de uno de los fracasos más sonados en el cine contemporáneo, lo cual aprovecharon muy bien para elaborar este detallado, pero corto documental. Y desde luego no se pasa por alto el hecho de que el mismo Terry Gilliam se muestra como una figura quijotesca, luchando contra la adversidad para que prevalezca su fantasía personal.
Pero a pesar del triste final y su vagamente negativa visión de la industria fílmica, "Perdido en La Mancha" resultará muy interesante para los aficionados al cine que deseen echar un vistazo al normalmente oculto mundillo detrás de las cámaras, cuyos inherentes obstáculos y problemas hacen casi milagroso que una película llegue finalmente a los cines. En menor medida, este documental también ofrece una nueva perspectiva del proceso creativo de Gilliam, cuya visión artística obviamente supera las limitaciones económicas con las que normalmente tiene que trabajar.
Si en algo peca "Perdido en La Mancha" es en mostrarse demasiado condescendiente con sus sujetos, por no mencionar que el tema es demasiado ligero e intrascendente. Ciertamente fue una tragedia para Terry Gilliam, pero es difícil compadecerse de un exitoso director. No obstante, el escaso pietaje que sobrevive de ese fiasco pone de manifiesto que "El Hombre que Mató a Don Quijote" hubiera sido una más de las notables películas de Gilliam y por causas totalmente ajenas a su control nunca podremos verla. En fin, así es el cine.
Sin embargo, es un poco difícil definir si es la eventualidad del rodaje de la película el que origina un documental o es la propia causa del documental lo que genera un corto cinematográfico de primera clase. No puede ser tanta casualidad que haya una relación en la misma vida de Gilliam y los sueños del Quijote. Se juega con la magia del director, en esos eventos que permiten darle una lección de vida a la obra, tantos incidentes concatenantes hasta matar la obra como tal da origen al documental tras cámaras, con un gran juego de fotografías armónicas que pareciesen en vez de casualidades, CAUSALIDADES. Si la intención fue darnos un documental de calidad lo lograron, y si la intención fue ver el fracaso de una película, también lo lograron. Se impone la magia, los aspectos surrealistas y oníricos de Gilliam nuevamente. Esto nos deja un abre boca y una pagina abierta para que en algún momento el guion siga su rodaje, o tal vez, jugo con el observador logrando sus Quijotadas.

Fabián Requena









sábado, 8 de junio de 2013

Película: Nikkei
Año: 2011
Director: Kaori Flores
País: Venezuela, Perú y Japón
Género: Documental


La Película Documental: “Nikkei”(Estreno: Año 2011), creada por mi amiga Directora & Productora & Guionista & Directora de Fotografía: Kaori Flores Yonekura, de padre venezolano y madre japonesa, es un “documental vanguardista” que se desarrolla en un “lenguaje cinematográfico vehicular” o en una “lingua franca del film” para acceder a diversas culturas, economías, expresiones emocionales, sistemas sociales y estructuras psicológicas; dan como resultado una semántica original con identidad propia, siendo este el punto de vista de Kaori Flores Yonekura, quien logra plasmar narrativamente las ciencias cognitivas de la cultura japonesa y latinoamericana, dando un mayor énfasis a su país natal: Venezuela. La película documental se sumerge en una introspección retrospectiva poética, en donde la Directora Kaori y los personajes que participan en el film, comparten con el espectador las múltiples dimensiones de sus vidas e historias familiares। “Nikkei” es un documental conmovedor que explora los espacios abandonados y olvidados por causa del sufrimiento y dolor familiar como un mecanismo de supervivencia. El espíritu activo de Kaori logra reconstruir, unir y reunir los puentes generacionales fracturados por los viajes y destinos que tomaron sus familiares. Japón, Perú y Venezuela, son las locaciones donde el documental es filmado con gran respeto y pulcritud. Los pasos de fe que dieron sus abuelos para viajar desde Japón hacia Perú y las razones que los motivaron a establecerse posteriormente en Venezuela son reveladores. Así mismo, la película nos muestra cómo el fatídico conflicto de la Segunda Guerra Mundial continúa teniendo repercusión directa con el actual desarrollo de las familias nikkei en toda América.

Fabián Requena




sábado, 1 de junio de 2013

Película: Tideland
Año: 2005
Director: Terry Gilliam
Interpretación: Jodelle Ferland, Jeff Bridges, Jennifer Tilly, Janet McTeer, Brendan Fletcher
País: Reino Unido, Canadá. 
Género: Drama Fantástico

Fascinado, asqueado, derrotado, conmovido, sublimado, insultado: así me sentí. Todos esos adjetivos convienen y haría falta alguno más a capricho del usuario de la rareza que le colocan en la pantalla. Porque Tideland es un exabrupto, un ejercicio de independencia total que arrastra con todas las consideraciones morales para formular algunas cuestiones sobre la vida y sobre la muerte, sobre la realidad y sobre la rutina. En ese camino discursivo Tideland asquea y asombra a partes iguales; y uno, muy suelto ya en provocaciones, reconoce que le han pillado desprevenido y que haría falta una reflexión más serena si no deseamos caer en lo más sencillo, que sería negar el magisterio plástico, el desparpajo fílmico (hay aquí cine de muchísima altura) y quedarnos únicamente con lo visible, con la letra pequeña de esta pequeña joya, con el dibujo hiperrealista de Jeliza-Rose, la protagonista absoluta del film, la hija de dos toxicómanos terminales, a los que cuida, mima y abastece de alucinógenos . Esta especie de Alicia lisérgica, tutelada (es un decir) por dos yonkis en continuo consumo de heroína decapita toda pequeña posibilidad de empatía emocional y nos construye un universo de juguetes rotos y de improbables emociones infantiles que va mezclando lo onírico con lo real hasta que el conjunto exhibe su verdadero tono, que oscila entre lo perturbador o lo demencial o lo insoportable o lo lírico o lo hipnótico o lo fascinante. En esta compleja red de emociones bascula Tideland y no es posible (al menos yo no he sido capaz de mirarla sin la previsible contaminación de mis prejuicios) advertir toda su hermosura y su fantástica plasticidad sin que un ramalazo de pudor nos susurre al oído las inconveniencias de dejarnos arrastrar por tan peculiar artefacto. Gillian tal vez se ha censurado toda rémora de su brillante pasado narrativo y se ha arrogado el don más inherente a un creador: la libertad. Justo la libertad a la que ningún cineasta puede rendirse con plenitud por el bozal de las compañías y por el catón fabuloso de la caja registradora. El espectador, el público, si se le asfixia en exceso, patalea y sale pitando de la sala. Hay que tener una buena cobertura de grasa en el estómago para que las ideas aquí formuladas no acaben ingresando en el torrente sanguíneo de modo que Tideland nos afecte más de lo que debería. La visión de una niña sobre la realidad hostil de los adultos, sobre su infierno más doloroso, remite a Alicia en el país de las maravillas, pero Gilliam embota la sensibilidad de la niña entusiasta y traviesa y la coloca en la zozobra absoluta de un mar de jeringuillas y de asco; repele todavía más cuando advertimos que son los padres (los creadores de la criatura) los que celebran su orgía continua sin atenderla (en ninguna circunstancia, bajo ningún concepto) como cualquier niña de diez años merece. Si el amable lector de esta página de cine desea sentir transgresión y ve en saltarse los tabúes sociales una buena forma de echar una tarde de domingo puede penetrar en la imaginación intoxicada de este autor inclasificable, genial y deprimente, a la altura del talento más salvaje y también desprovisto de la grimosa visión del cine comercial de Hollywood, que sobrepone el punto de vista ético y el cuidado en las formas y en las ideas antes que la disfunción y la proclividad excesiva al riesgo y a la demolición total de todos los pequeños logros que hemos ido arrojando al vasto saco del cine como testigo de la Historia y pieza maestra de su evolución. Hay aquí la suficiente obscenidad como para saltarse la recomendación de que debemos verla: yo así lo pienso. Hay en Tideland poesía aunque quizá la responsabilidad de Gilliam ante su propia convicción de estar al margen de la industria haya convertido esa poesía en un falso inventario de imágenes poderosas, de fogonazos intensos de lirismo (la casa abandonada) o de muy sugerentes brochazos de surrealismo (la vecina apicultora en medio de la nada), y haya perdido credibilidad, convirtiendo su película en un farragoso y estimulante pedazo de su ingenioso cerebro. Imposible no traer a esta reseña la figura de un Jeff Bridges sobredotado para ser actor y capaz de componer registros inconmensurables sin caer en las trampas de otros que, siendo excelentes actores también, recurren a histrionismos, a forzamientos. El padre yonki (que es el segundo en caer tras un viaje definitivo) está poco en pantalla, pero la llena con creces y su imagen, en el sofá, narrando las acrobacias mentales de su ministerio tóxico, duran en la memoria y hacen que no podamos imaginar (ése es el triunfo del actor) a nadie más en su piel.

Fabián Requena




sábado, 25 de mayo de 2013

Película: También la Lluvia
Año: 2010
Director: Icíar Bollaín
Interpretación: Luis Tosar, Gael García Bernal, Karra Elejalde, Juan Carlos Aduviri, Raúl Arévalo,Cassandra Ciangherotti, Carlos Santos, Dani Currás, Vicente Romero
País: España
Género: Drama social
Premios: 2010: 3 Premios Goya: Actor de reparto (Elejalde), Música original, Dirección de producción. 2011: Festival de Berlín (Sección Panorama): Premio del público. 2010: Premios Ariel: Mejor película iberoamericana (ex aequo)

La historia comienza en el año 2000, cuando el director de la película Sebastián y el productor Costa, deciden realizar en Bolivia el film de la versión de Cristóbal Colón como un hombre interesado en el oro y en los esclavos; escogen este lugar principalmente por los costos de realización baratos, y por ser el país con mayor población indígena de Hispanoamérica. Sin embargo, en el periodo en que se filma la película se produce un acontecimiento de insurrección del pueblo, en el que el actor principal Daniel se ve involucrado, debido a que se convierte en uno de los líderes de la revuelta en la Guerra del Agua. No obstante, Costa se interesa en que la pélicula se lleve acabo, aunque tenga que pagar altísimos sueldos.
La problemática de la película es la falta de acceso de los bolivianos al agua potable e incluso al agua lluvia, debido a que una empresa multinacional (Bechtel) se apropió del agua, y les cobraba a los ciudadanos precios altísimos (tarifas entre el 30% y 300%) que no podían pagar dada su situación económica. Por tal razón, debido a que el gobierno no era capaz de garantizarle a los ciudadanos el suministro del recurso vital: el agua (yaku), la gente sale a las calles a protestar durante cuatro meses con el lema: el agua es nuestra; a lo largo de la película observamos que es la Sociedad Civil la que se organiza y logra alcanzar el objetivo, es la gente la encargada de reafirmar que el pueblo que trabaja unido nunca es vencido. Por lo anterior, el movimiento social boliviano se ha constituido como un ejemplo a seguir para otros países en la lucha por los derechos fundamentales.
Esta película nos enseña a mezclar el pasado, el presente, la ficción y la realidad, donde para los autores todo es el cine y para Daniel es sobrevivir. El titulo “también la lluvia” lleva consigo de cómo las empresas privadas se apoderan hasta del agua que cae de la lluvia para privatizarla. Hay un paralelismo entre el Colón que nos invade hace 500 años y la invasión menos agresiva, pero invasión al fin, de los cineastas. Hay un proyecto de cine muy egoísta con un contra proyecto tan noble de salvar la vida. Costa se aleja de la película y se aproxima a la realidad social y el director se aleja de la realidad y se acerca a la película. Cine dentro del cine, un paralelismo que lleva consigo una botella de agua como símbolo de agradecimiento. 
Excelente película.

Fabián Requena.








Película: Todas las mañanas del mundo
Año: 1991
Director: Alain Corneau
País: Francia
Interpretacion: Gérard Depardieu, Jean-Pierre Marielle, Anne Brochet, Caroline Sihol, Guillaume Depardieu, Michel Bouquet, Carole Richert
Género: Drama musical

La película trata de Sainte – Colombe, un músico que se obsesiona con la muerte de su mujer, quien muere mientras él toca para un amigo agonizante que solo deseaba irse de este mundo con buen vino y buena música. Tras quedar viudo, decide recluirse en su granja con sus dos hijas a las que instruye en el arte de tocar la viola cuando son mayores. Los conciertos del trio se hacen celebres y el mismo Rey de Francia envía un emisario que le anuncia que desea escucharle, pero Sainte – Colombe lo rechaza diciendo que prefiere su vida rodeado de verdes bosques al palacio del Rey.
Un día, se presenta en su casa Marin Maraes, un joven de 17 años que le pide ser su discípulo, pues cree que puede ser un buen violinista. Sainte Colombe, le invita a tocar algo como prueba, y su veredicto es que Marais es técnicamente brillante pero, la música no es solo eso, le hace falta la pasión, el sentimiento, sin embargo, lo acepta.
La hija mayor de Sainte – Colombe, Madeleine se enamora de Marais, quien le deja embarazada antes de irse del lugar y casarse con otra. Ella da a luz un niño muerto y cae en una depresión que le hará terminar en el suicidio. Sin embargo, años después, cuando Sainte – Colombe está ya próximo a morir, y Marais le vuelve a visitar en secreto, esperando oír su música para que no se pierda en el olvido, el antiguo discípulo se presenta ante su maestro y este último no le reprocha las desgracias que acarreo a su familia, en su lugar le da la última lección revelándole qué es la música: “la música es la voz de los que no tienen voz, es la voz por la que se expresan los muertos y los que no han nacido, es la expresión de un misterio no solo humano” 
Excelentísima obra. 

Fabián Requena



Película: Lautrec
Año: 1998
Director: Roger Planchon
País: Francia
Interpretacion: Regis Royer, Elsa Zylberstein, Anemone, Claude Rich, Jean-Marie Bigard, Helene Babu, Claire Borotra, Alexandra Pandev, Amanda Rubinstein, Florence Viala
Género: Drama biográfico

Henri de Tolouse Lautrec nace en Francia en el s. XIX en una familia de aristócratas. Sus padres fueron primos en primer grado y a los pocos años le diagnostican una enfermedad que impide que sus piernas crezcan correctamente. Con el tiempo desarrolla gusto y habilidad por la pintura y termina por dejar el castillo de su familia para mudarse a París y dedicarse a la pintura de forma profesional. En París ingresa a una escuela de pintura donde pierde su virginidad con una de las modelos. El movimiento impresionista influencio a Lautrec y esto lo llevo a romper con la academia donde se formaba e incluso a protagonizar escenas donde en público mostraba su desprecio hacia las corrientes pictóricas más clásicas. Después Henri se instala en un estudio en el barrio de Montmartre e inicia una relación con Suzanne Valadon quien modelaba para él. Al mismo tiempo empieza a pasar más tiempo en los burdeles donde pintaba a las bailarinas. Luego de hacer carteles publicitarios para el Moulin Rouge Henri empieza a hacerse de más reconocimiento. Luego de varias rupturas en la relación Suzanne deja a Henri de forma definitiva y se muda para hacer una carrera como pintora sin la influencia de Lautrec.
Es impresionante ver durante la trama fílmica la admiración de Lautrec hacia van Gogh, ya que este rompía con el esquema impresionista, y fue muy doloroso para Lautrec entererarse de la muerte de van Gogh ,a pesar de que habían compartido muy poco tiempo, a partir de allí su vida cambia.
Henri agrava su alcoholismo y aumentan sus episodios de neurosis al grado de prenderle fuego a su estudio. Durante este mismo tiempo contrae una enfermedad venérea de una prostituta que frecuentaba. Por su estilo de vida auto destructivo su madre con ayuda de sus amigos lo interna en una clínica pero permanece poco tiempo en ella. Al salir regresa a casa de su madre donde al poco tiempo enferma y muere. La película termina cuando los amigos que Henri hizo en las fiestas y burdeles a lo largo de su vida aparecen para despedirlo durante su cortejo fúnebre.


Fabián Requena








miércoles, 22 de mayo de 2013


Película: La Pasión de Camille Claudel
Año: 1988
Director: Bruno Nuytten
País
: Francia
Interpretacion: isabelle Adjani, Gerard Depardieu, Laurent Grevill, Alain Cuny, Madeleine Robinson, Katrine Boorman, Daniele Lebrun
Género: Drama 
biográfico
Premios: Nominada 2 veces al Oscar como mejor película extranjera. Premio Cesar a la mejor película y a la mejor actriz.


Sólo hasta 1970, cuando artistas e historiadoras de arte feminista se preguntaron por la presencia de las mujeres, la obra de Camille Claudel comenzó a ser reconocida. Esta mujer nacida en 1864, pasó gran parte de su vida junto al famoso escultor Auguste Rodin, Como su amante y colega; además de ser las manos ocultas que esculpieron la obra de quien protagonizaría la historia y ocuparía un lugar en los museos.
Pero este no es el único vestigio: antes de ser expulsada de las páginas sepia de la historia fue separada de la academia francesa; comenzó a moldear sus primeras esculturas entre los 12 y 15 años y en vista de que las mujeres no podían ingresar a la escuela de Bellas Artes se hizo alumna de Alfred Boucher, quien guiaría sus primeros pasos. A los 19 años conoció a Rodin, encargado de reemplazar temporalmente a Boucher; no pasaría mucho tiempo para que Camille, 24 años menor que él, se convirtiera en su modelo, colaboradora y maestra.
En 1886 Rodin firmó un contrato en el que se comprometió a sostenerla como artista, casarse con ella y renunciar a otras mujeres. Viajaron juntos, dieron vida a un taller convirtirtiendo sus obras en espejo de sus tormentos personales. Mientras la fama de Rodin aumentaba Camille quedaba oculta 
entre cinceles y piedras. La inconformidad y el sentimiento de abandono la condujeron a sentir celos, protestar y experimentar violentas tensiones. Rodin la echó de su estudio, comenzó a recibir a otras mujeres y en 1898 interrumpieron su comunicación. La artista quedó devastada y aislada en su taller, las continuas crisis emocionales la llevaron a destruir gran parte de su obra.
Marcela Lagarde cuenta que esta historia es una fiel representación del ideal de amor romántico (caracteristico de una época histórica y se extendido hasta hoy) que conduce a las mujeres al despojo de si mismas, cediendo toda su energía creativa al engrandecimiento de otros.
Su padre murió en 1913, mientras ella vivía entre la pobreza y el abandono familiar; ocho días más tarde la madre firmó el certificado de ingreso de Camille en un ho
spital psiquiátrico, donde no podía recibir visitas ni correspondencia. Durante 30 años estuvo internada. Murió entre salas psiquiátricas el 19 de octubre de 1946, pasaron varios años para que su hermano, el poeta Paul Claudel, se ocupara de su cuerpo.
Camille Claudel fue una genialidad no reconocida y distorsionada que revela a una artista de fin de siglo que sufrió la dictadura de la cultura dominante misógina y androcéntrica. La primera retrospectiva de su obra se realizó en el Museo Rodin en 1951, pero sólo obtuvo reconocimiento público con la segunda muestra realizada en 1984, después del esfuerzo feminista por construir una genealogía de mujeres artistas.
En la película, Camille (Isabelle Adjani), la hermana del escritor Paul Claudel, sintió desde niña una gran pasión por el arte y en especial por la escultura a la que dedicó gran parte de su vida. El escultor Auguste Rodin (Gérard Depardieu) fue su maestro, y ella se convirtió en su musa. Entre ambos surgió una tormentosa relación amorosa plagada de crisis y rupturas. La escultora tuvo también una vida personal muy agitada: era una mujer demasiado libre e independiente que no se adaptaba a las costumbres y convencionalismos de su época. Al final de su vida, vivió como una mendiga y acabó siendo internada en un psiquiátrico por sus problemas mentales. 

Fabián Requena